23F, la lealtad era al ciudadano Juan Carlos
Como es bien sabido, el 23 de febrero de 1981, cuando en el congreso de diputados se estaba desarrollando la votación nominal para la elección de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del gobierno, de pronto irrumpieron en el hemiciclo un gran numero de uniformados, los cuales no tardaron en disparar reiteradamente al aire, mientras quien comandaba a los uniformados, con pistola en mano se dirigió a la presidencia de la cámara. Obviamente, la votación quedó interrumpida.
Lo que no se recuerda tanto, es que la mayoría de capitanías generales, eran leales al ciudadano Juan Carlos, quien fue designado por Franco como su sucesor al frente de la jefatura del estado, y que este, como última gran orden que dio a los militares, fue que le fueran leales a Juan Carlos, como lo habían sido a él.
Sin duda, el hecho de que los militares fuesen leales al ciudadano Juan Carlos, conllevaba que el ciudadano Juan Carlos se encontraba en la situación privilegiada de marcar el rumbo de la situación, la cual cosa en si, no era precisamente lo más óptimo para un estado de derecho.
Es indudable, que en un estado de derecho, asentado en la democracia, cuya máxima norma es la constitución, los militares han de ser leales a la democracia por encima de todo, y el hecho de que su lealtad fuese tan solo al ciudadano Juan Carlos, entrama que el estamento militar no estaba por la democracia.
Teniendo en cuenta las circunstancias por las cuales el ciudadano Juan Carlos, era y es, considerado Rey, Jefe de Estado, y Capitán General de los ejércitos, sería positivo que al menos, el ciudadano Juan Carlos, no fuese el comandante en jefe de los ejércitos, y esa función pasase a una personalidad que haya accedido al cargo de forma democrática, o sea, el presidente del gobierno en este caso.
